El sistema está muerto y lo vamos a echar abajo, así que se acerca el momento de volver a cordura. Ser menor será agravante en la comisión de delitos. En ningún aspecto ha sido más letal y perversor el Estado partitocrática, la mafia de los partidos, que en la degeneración de la infancia y la juventud, que en su corrupción moral y en el deterioro de los lazos familiares. Una de las primeras medidas que adoptaremos será la inmediata derogación de la Ley del menor que les concede una especie de impunidad y que les ofrece la permanencia en guarderías de lujo que llaman centros de internamiento. Un crimen tan grave como el asesinato de la hija de Sandra Palo merecerá la máxima condena, especialmente para los menores. Puede contemplarse la existencia de cárceles exclusivamente para menores, pero serán cárceles.
Las agresiones o faltas de consideración a los padres, que ahora se presentan como supuestos fenómenos sociológicos, cuando no son otra cosa que el efecto perverso de los criterios lesivos de lo políticamente correcto en los niños de menor personalidad y más acomplejados, serán graves delitos, que han de merecer la repulsa general de la sociedad a quien tales hecho comete, tan contrarios al mínimo de la civilización. La enseñanza no tiene que ser obligatoria. Todo lo obligatorio se degrada. Hay que volver a los aprendices y dignificar de una vez la Formación Profesional. Es preciso volver al principio de autoridad –legítima y moral- sin el que la civilización desaparece y afloran los degradantes instintos animalescos. Lo dicho: ser menor será agravante para cualquier delito.
Enrique de Diego
